
Estimado lector le ruego que me permita la licencia que esta semana me voy a tomar con esta columna. Esta semana en EL DUENDE CRÌTICO no se hablará de goles, de polémicas arbitrales, de las gestas de Nadal, de los puntos de Gasol, ni de los adelantamientos de Fernando Alonso. En esta ocasión quiero dedicar mi artículo a mi amigo y compañero Alberto Cuevas, quien el próximo 29 de marzo a la una de la tarde vivirá unos de los momentos más importantes de su vida cofrade ante el atril del altar de la Parroquia Santa María de la Encarnación de Constantina. Alberto será el encargado de abrir la primera puerta de la Semana Santa constantinense con su pregón.
Habiendo tenido el privilegio de leer pequeños fragmentos, se puede decir que es un texto que ha salido de lo más profundo de los sentimientos de este periodista por la Semana Mayor de su pueblo, al que siempre lleva por bandera en su dulce exilio capitolino. Es una disertación que ha sido labrada durante meses con humildad, paciencia, amor y esperanza para convertir en verbo lo que siente su corazón desde que salen las palmas de la Borriquita hasta que el cierre de las puertas de la Parroquia a la entrada de su Soledad anuncian en Llano de Sol la Resurrección de Cristo.
Si usted puede acercarse a la parroquía de Constantina en este esplendoroso domingo que marca el ocaso de la Cuaresma, no lo dude, porque conociendo a Alberto, a buen seguro, se va ir con un buen sabor de boca a su casa. Desde aquí, Alberto, desearte mucha suerte. Y agradezco de antemano a mis lectores el hecho de que me hayan dejado tomarme esta licencia, porque creo que es un acontecimiento por el que merece la pena.
Habiendo tenido el privilegio de leer pequeños fragmentos, se puede decir que es un texto que ha salido de lo más profundo de los sentimientos de este periodista por la Semana Mayor de su pueblo, al que siempre lleva por bandera en su dulce exilio capitolino. Es una disertación que ha sido labrada durante meses con humildad, paciencia, amor y esperanza para convertir en verbo lo que siente su corazón desde que salen las palmas de la Borriquita hasta que el cierre de las puertas de la Parroquia a la entrada de su Soledad anuncian en Llano de Sol la Resurrección de Cristo.
Si usted puede acercarse a la parroquía de Constantina en este esplendoroso domingo que marca el ocaso de la Cuaresma, no lo dude, porque conociendo a Alberto, a buen seguro, se va ir con un buen sabor de boca a su casa. Desde aquí, Alberto, desearte mucha suerte. Y agradezco de antemano a mis lectores el hecho de que me hayan dejado tomarme esta licencia, porque creo que es un acontecimiento por el que merece la pena.